Lazarillo de Tormes PDF

lazarLazarillo de Tormes es una obra clásica de la cual se desconoce su auténtico autor, aunque hay varias teorías al respecto, aunque su nombre completo es La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades.

El libro es un esbozo irónico y malévolo de la sociedad del instante, de la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas, sobre todo las de los clérigos y religiosos que rondaban el lugar.

Lazarillo evoluciona desde su ingenuidad inicial hasta desarrollar un instinto de supervivencia. Es despertado a la maldad del planeta por la cornada de un toro de piedra, embuste con el que el ciego le saca de su simpleza; después rivaliza en argucia con él en diferentes insignes capítulos como el de las uvas o bien el jarrón de vino (un modelo de narración tradicional) hasta el momento en que se venga devolviéndole la cornada de piedra con otro embuste, que le vale al atroz ciego escalabrarse contra un pilar.

Pasa entonces a proporcionar a un rácano clérigo de Maqueda que lo mata de apetito, y al que sisa algo de pan de un arca que tiene; el clérigo lo confunde a oscuras (en su boca silba accidentariamente la llave del arca, oculta mientras que duerme) y, tomándolo por culebra, descubre el engaño, le da una tremenda tunda y lo despide.

Después entra a proporcionar a un noble arruinado cuyo único tesoro son sus recuerdos de hidalguía y de dignidad; Lazarillo simpatiza con él, puesto que si bien no tiene nada que darle, cuando menos le trata bien, aunque recurre a esa simpatía que lúcida para lograr que le dé una parte de los mendrugos que logra el chaval al solicitar dádiva, puesto que no tiene la dignidad de la hidalguía. El patético escudero acaba por desamparar la urbe y Lazarillo se halla nuevamente solo en el planeta.

Más adelante sirve L. a un sospechoso monje mercedario, tan amante del planeta que apenas para en su convento y le hace reventar los zapatos. Conforme A. Ruffinato, habría una alusión a las reformas monásticas por entonces de tendencia, en el sentido de “descalzar” o bien hacer más estrictos los estatutos del clero regular, o bien quizá alusión a actividades sexuales hetero o bien homoeróticas. No obstante, F. Rico asegura que «no hay el menor inidicio para suponer tal escabrosidad», puesto que el sentido del texto es una simple abbreviatio o bien renuencia, procedimiento en abudancia utilizado ya antes, como cuando narrando sus aventuras con el ciego, L. afirma «por no ser minucioso, dejo de contar muchas cosas […]», en elipsis que era común para acabar las cartas, teniendo presente que todo el Lazarillo una larga epístola.

El tratado quinto es más extenso: relata una estafa efectuada por la parte de un vendedor de bulas o bien buldero. Lazarillo sirve al buldero y asiste como espectador, sin opinar, al desarrollo del timo, en el que finge el buldero que alguien que considera que las bulas no sirven para nada está poseso por el demonio, cuando realmente está conchabado o bien compinchado con él; esto se descubre a posteriori, con una hábil técnica de suspensión. Asimismo este tratado padeció la poda de la censura.

Los sobrantes y breves tratados cuentan de qué forma L. se asienta con otros amos, un capellán, un profesor de hacer panderos y un alguacil y se hace aguador. Para finalizar logra el cargo de pregonero merced al arcipreste de la iglesia toledana de San S., quien por si fuera poco le ofrece una casa y la ocasión de casarse con una de sus criadas, con el propósito de desvanecer los cotilleos que se ciernen sobre él, puesto que era acusado de sostener una relación con su criada. No obstante, tras el casamiento los cotilleos no desaparecen y L. empieza a ser objeto de mofa por la parte del pueblo. L. padece la infidelidad con paciencia, tras una vida de ver qué es el honor y la hipocresía que encubre la dignidad verdaderamente, puesto que eso cuando menos le deja vivir, y con esto acaba la carta, un insolente alegato autojustificativo que caricaturiza la literatura idealista del instante. L. asevera que ha alcanzado la dicha, mas para esto ha debido perder su honra, puesto que los cotilleos aseveran que su mujer es la amante del arcipreste. Para sostener su situación, L. hace oídos suecos a dichos cotilleos.